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Por: Víctor R. Hernández
Siete días lleva la presidenta Claudia Sheinbaum en La Mañanera descargando furia contra Maru Campos, gobernadora panista de Chihuahua. La acusan de “traición a la patria” por supuestos operadores de la CIA en acciones de seguridad estatal. Hasta se ha esbozado la posibilidad de un juicio político. Todo en nombre de la “soberanía nacional”.
Qué ironía más brutal.
Mientras Morena agita la bandera de la soberanía contra una gobernadora opositora, los verdaderos dueños de la soberanía en amplias regiones del país son los grupos criminales. Ellos cobran impuestos, dictan precios, controlan rutas y deciden quién produce y quién se muere. Y de esa soberanía perdida, los morenistas no dicen ni una palabra.

Ayer, un reportaje publicado en Excélsior lo puso negro sobre blanco: el llamado “impuesto del miedo” encarece la canasta básica hasta un 20%. Extorsiones, cobro de piso y rutas logísticas bajo asedio criminal asfixian a productores de limón, aguacate, carne y granos. No es una amenaza ocasional. Es una “administración delictiva” que ya reemplazó al Estado en varios territorios.
En Veracruz, principal productor de cítricos, la rentabilidad ya no depende del clima, sino de la cuota: hasta 4 pesos por kilo de limón o naranja. Los delincuentes controlan hasta la venta de fertilizantes, con sobreprecios del 20%. En el primer trimestre de 2026, ocho productores fueron asesinados por negarse a pagar. Las rutas como Veracruz-Puebla son zonas de guerra; el transporte se encareció un 30%.
En Michoacán, el aguacate —oro verde del país— ha visto sus precios dispararse hasta un 133% por las extorsiones. Los productores pagan cuotas por kilo, compran combustible solo en gasolineras del crimen y, a veces, prefieren dejar que la fruta se pudra antes que regalarle ganancias a los sicarios. El asesinato de líderes citricultores como Bernardo Bravo Manríquez no fue un hecho aislado; fue un mensaje.
En Baja California Sur, el crimen obliga a restauranteros turísticos a comprar pescado y mariscos exclusivamente de sus proveedores. En Zacatecas, Durango y Jalisco, la ganadería paga entre 4,000 y 5,000 pesos por cabeza de ganado al “socio forzoso”. En Tamaulipas, pescadores entregan 5 pesos por kilo bajo amenaza.
Y en las carreteras: más de 16 mil atracos al autotransporte en 2025, pérdidas por 7 mil millones de pesos. Seguros impagables, sobretasas brutales y casetas más caras. Todo termina en el ticket del supermercado. Usted y yo pagamos el “impuesto del miedo” cada vez que compramos cebolla, aguacate o carne.
Pero para Morena, la verdadera amenaza a la soberanía no es que los cárteles administren regiones enteras, extorsionen productores y encarezcan los alimentos del pueblo. No. La verdadera amenaza es que una gobernadora panista coordine con Estados Unidos para combatir narcolaboratorios en su entidad.
Esa es su “soberanía”: la que sirve para atacar al adversario político, no para defender al ciudadano que produce, transporta y come bajo el yugo criminal.
La hipocresía es soberana en Morena. Gritan “¡México soberano!” mientras el pueblo mexicano vive bajo la ocupación efectiva de los grupos que realmente mandan en el campo y las carreteras. Hablan de traición a la patria y callan la traición diaria al bolsillo y a la vida de millones de mexicanos.
Hoy, 29 de abril de 2026, la pregunta es clara: ¿qué soberanía defienden cuando la que importa —la del pueblo que trabaja— ya fue entregada al crimen?
