SIN CENSURA 17 de marzo de 2026 La hipocresía y mezquindad de Morena contra Cuba

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Por Víctor R. Hernández

Mientras el poder en México se envuelve en discursos de solidaridad, en Cuba la realidad estalla —literalmente— en las calles. El régimen se resquebraja y, por primera vez en mucho tiempo, el miedo empieza a ceder ante la desesperación. Este fin de semana, en la ciudad de Morón, ciudadanos hartos vandalizaron la sede del Partido Comunista: piedras, cristales rotos, muebles incendiados. No fue vandalismo gratuito. Fue hambre. Fue oscuridad. Fue rabia acumulada.

Porque en Cuba hoy se protesta aun sabiendo que la consecuencia inmediata será la cárcel. Cinco detenidos en ese episodio. Cinco más que se suman a una cifra escandalosa de presos políticos. Y aun así, la gente sale. Ese es el tamaño del colapso.

El país entero se quedó sin electricidad. No un apagón parcial: el 100% de la isla en tinieblas. Hospitales, escuelas, viviendas, sistemas de agua. Sexta vez en año y medio. Esto no es una contingencia: es un sistema que ya no funciona.

Y en medio de ese escenario, desde México se construye una narrativa profundamente hipócrita.

El expresidente Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum insisten en hablar del “pueblo cubano” mientras canalizan apoyos —petróleo, alimentos, dinero— directamente al aparato que lo oprime. No hay matices: en su lógica, el pueblo y la dictadura son lo mismo. Y no lo son.

Dicen ayudar al pueblo cubano con petróleo mexicano. Pero el petróleo lo administra el régimen.
Dicen enviar alimentos. Pero los reparte el régimen.
Dicen contratar médicos. Pero el dinero se lo queda el régimen.

Ahora impulsan colectas “solidarias”. La pregunta es inevitable: ¿a manos de quién llegará ese dinero?

Seamos claros: el embargo de Estados Unidos ha sido un factor que limita, sí. Pero convertirlo en explicación total es una coartada conveniente. Es el argumento perfecto para encubrir décadas de corrupción, control absoluto y fracaso económico.

¿Qué tiene que ver el embargo con la existencia de presos políticos?
¿Qué tiene que ver con la censura total?
¿Qué tiene que ver con la inexistencia de oposición política?
¿Qué tiene que ver con elecciones donde el partido único obtiene el 97% de los votos? Nada.

Cuba comercia con más de cien países. China es su aliado. Europa ha intentado invertir. ¿Por qué no despega? Porque todo pasa por el filtro de un sistema opaco, militarizado y profundamente corrupto. Porque no hay garantías. Porque el inversionista que llega sabe que puede perderlo todo por decisión política.

Mientras tanto, la cúpula vive en otra realidad: no le falta gasolina, ni comida, ni electricidad. El bloqueo, curiosamente, nunca los toca a ellos.

Esa es la verdad incómoda que en México muchos prefieren ignorar.

Aquí, los defensores del régimen —los “dictalovers del bienestar”— romantizan la revolución desde la comodidad de la libertad que en Cuba no existe. Piden un mojito, escuchan a Silvio Rodríguez en Spotify y pontifican sobre dignidad y soberanía. Todo, sin arriesgar absolutamente nada.

Porque hablar en México es gratis. En Cuba, no.

Y hay otro dato revelador: el silencio selectivo.

Desde que dejó la presidencia, López Obrador prácticamente no ha usado sus redes sociales… salvo para defender dictaduras. Ni una palabra ante tragedias nacionales: accidentes, masacres, explosiones, muertos. Nada ameritó un mensaje. Nada.

Pero cuando se trata de Venezuela o Cuba, aparece.

Defiende a Nicolás Maduro. Convoca colectas para Cuba. Habla de soberanía, de dignidad, de lucha heroica.

No es solidaridad. Es alineamiento ideológico.

La presidenta Sheinbaum, por su parte, repite el guion: el sufrimiento cubano —dice— es culpa del bloqueo. Y acusa de “mezquinos” a quienes cuestionan esa narrativa. Pero la verdadera mezquindad es otra: negar la responsabilidad de un régimen que ha tenido casi 70 años para construir un país viable y no lo ha hecho.

El problema de fondo no es que en México se quiera ayudar a Cuba. El problema es a quién se está ayudando realmente.

Porque mientras se romantiza la resistencia, los cubanos siguen viviendo en la escasez, en la oscuridad, en el miedo.

Y eso no es culpa del embargo.

Es culpa del poder.

Y de quienes, desde aquí, lo justifican.

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