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En un paso decisivo para proteger a las nuevas generaciones, la diputada Delia Enríquez Arriaga presentó una iniciativa histórica para reformar la Ley de las Mujeres para una Vida Sin Violencia del Estado. El objetivo es claro: que la violencia en el noviazgo sea reconocida oficialmente como una modalidad específica de agresión que afecta, principalmente, a adolescentes y jóvenes en la entidad.
Rompiendo el silencio y la invisibilidad
La propuesta busca cerrar un vacío legal que ha dejado desprotegidas a miles de mujeres desde sus primeras etapas afectivas. Al diferenciar el noviazgo del matrimonio o el concubinato, se garantiza que el Estado tenga las herramientas jurídicas necesarias para intervenir y proteger a quienes atraviesan estas situaciones de riesgo.
“Reconocer la violencia en el noviazgo en nuestra ley es también apostar por una cultura distinta, basada en el respeto, en la igualdad y en la dignidad de las personas”, enfatizó la legisladora del Grupo Parlamentario de Morena.
Señales de alerta: Cuando los celos no son amor
Enríquez Arriaga advirtió que esta problemática a menudo se disfraza bajo conductas que la sociedad ha normalizado, pero que son señales claras de peligro:
- Celos extremos presentados como “pruebas de amor”.
- Control excesivo sobre las actividades, amistades o vestimenta.
- Aislamiento progresivo de la víctima de su entorno familiar y social.
Estas conductas, señaló la diputada, suelen escalar hacia formas más graves de agresión física y emocional, generando miedo y riesgos severos para la integridad de las jóvenes.
Una urgencia estadística: 7 de cada 10 jóvenes en riesgo
Las cifras presentadas son alarmantes y fundamentan la urgencia de esta reforma: siete de cada 10 jóvenes en México han vivido alguna forma de violencia en sus relaciones afectivas. Actualmente, al no estar reconocida de manera explícita en la legislación de Durango, la creación de políticas públicas y mecanismos de prevención eficaces se ve seriamente limitada.
Con esta iniciativa, se busca no solo castigar, sino educar y prevenir, asegurando que las jóvenes duranguenses puedan construir relaciones basadas en el respeto y tengan el respaldo total de la ley ante cualquier abuso.