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El polvo y el olvido se han borrado para siempre. Hoy, donde antes solo había abandono, late con fuerza el corazón deportivo de Durango: el nuevo estadio de beisbol Antonio “Memín” Garibay. Esta transformación no es magia, es el resultado del esfuerzo y orgullo de las familias duranguenses, quienes vieron en el pago de su predial la semilla para un futuro mejor.
El Testimonio de un Sueño Cumplido
María Cristina Sánchez Catalán, vecina de la colonia La Forestal por 36 años, compartió su emoción al ver el radical cambio: “El Triángulo de Beisbol antes estaba rodeado de polvo y abandono, y hoy, gracias al esfuerzo solidario de la ciudadanía, se transformó en un estadio de primer nivel“.
Este espacio es ahora un centro de vida, parte del entorno del Parque Lineal Ferrocarril, donde cada tarde las familias caminan, conviven y disfrutan de un ambiente seguro y moderno.
Un Futuro Brillantemente Iluminado
Toño Ochoa, alcalde de Durango, enfatizó que este tipo de obras son el reflejo de una casa ordenada donde “se jala parejo”. El estadio no solo es un campo renovado; es un símbolo de progreso equipado con:
- Gradas con velaria
- Iluminación de vanguardia
- Dogouts y área administrativa
- Baños y vestidores dignos
María Guadalupe Quiñonez, otra vecina, resumió el sentir general: “Fue un cambio del 100%, ahora se ve mucha convivencia familiar. Antes pagábamos y no se notaba; hoy sí se ve el trabajo“.
El estadio “Memín” Garibay es la prueba viviente de que cuando los duranguenses confían y contribuyen, los sueños compartidos se convierten en obras que llenan de orgullo a toda la ciudad.