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Por: Jesús J. Hernández G.
En política, la forma es fondo, pero los resultados son la única métrica que el ciudadano valida. Lo que hemos presenciado recientemente en Durango, tanto a nivel municipal como en la esfera legislativa estatal, es un ejercicio de coordinación institucional que merece ser analizado más allá del simple evento protocolario.
El Rostro Humano en la Ruralidad
El programa “Espacios de Amor”, impulsado por el Gobierno Municipal de Toño Ochoa y el DIF Municipal, no es solo una brigada de servicios; es un acto de presencia necesaria en la zona rural. Al llevar atención integral a comunidades como Gabino Santillán, la administración municipal rompe con la inercia del escritorio y apuesta por la escucha directa. Beneficiar a 300 habitantes con salud, asesoría jurídica y apoyo psicológico es, en esencia, democratizar el bienestar. El mensaje es claro: la capital de Durango no termina donde acaba el pavimento.
El Consenso como Motor de Salud
De manera paralela, desde el Poder Legislativo, el diputado Ernesto Alanís Herrera, presidente de la JUGOCOPO, ha puesto sobre la mesa una verdad fundamental: las obras de gran calado requieren de acuerdos sólidos. El inicio de la construcción del Hospital General en Santiago Papasquiaro es la materialización de esa voluntad política.
No se trata solo de ladrillos y equipamiento moderno; se trata de sensibilidad social. Que el Congreso local haya avalado el presupuesto para esta obra demuestra que el Legislativo y el Gobierno de Esteban Villegas caminan en la misma dirección. La descentralización de la salud especializada permitirá que miles de familias de la región noroeste encuentren alivio y atención de primer nivel sin el calvario que representa el traslado hacia la capital.
Una Misma Ruta
Ambas acciones, aunque de órdenes distintos, comparten una columna vertebral: la prioridad es la gente. Mientras el Municipio atiende el tejido social inmediato con “Espacios de Amor”, el Congreso y el Estado garantizan la infraestructura que dará tranquilidad a las futuras generaciones.
En Durango, la política parece estar recuperando su sentido original: el servicio. Los consensos entre grupos parlamentarios y la operatividad de los gobiernos locales están dando frutos palpables. Al final del día, para el duranguense que recibe una consulta médica en su comunidad o que ve levantarse un hospital cerca de su hogar, las siglas importan menos que la eficacia de sus representantes.