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Por Víctor R. Hernández
Lo interesante de los datos que ayer dio a conocer la presidenta Claudia Sheinbaum en materia de seguridad es que, en los hechos, la estrategia parece ser aventarle la bolita de la inseguridad a los estados y municipios.
La mandataria asegura que los homicidios dolosos han bajado más de 40 por ciento respecto a 2024. Sin embargo, volvemos a lo mismo: si la realidad incomoda, siempre queda la tentación de cambiarla… o al menos reinterpretarla a través de las cifras.
En medio de este mar de números del mes de febrero, Durango vuelve a destacar: se mantiene entre el tercer o cuarto estado más seguro del país. Este dato, sin duda, lo reposiciona como una de las regiones más atractivas para la inversión extranjera directa y nacional, algo que no es menor en el actual clima de incertidumbre que vive el país.

Pero vayamos a los números que presumió el gobierno federal.
Durante la conferencia mañanera, la funcionaria encargada del informe explicó que el robo a casa habitación con violencia fue el único delito de alto impacto que registró un incremento en el primer bimestre de 2026.
Según la medición oficial, el promedio diario pasó de 10.03 casos en 2025 a 10.22 en 2026, lo que representa un aumento de 1.9 por ciento.
La cifra puede parecer menor, pero ocurre justo cuando en diversas ciudades del país se han reportado asaltos violentos dentro de domicilios, lo que genera una sensación de inseguridad muy distinta a la que sugieren las estadísticas.
Un ejemplo reciente ocurrió en Toluca, donde la influencer Evelyn Villa denunció que fue víctima de un asalto dentro de su casa.
Según relató en redes sociales, el ataque ocurrió cuando regresaba de dejar a su hijo en la escuela. Un sujeto aprovechó que el portón eléctrico se cerraba para ingresar al domicilio. Posteriormente abrió el acceso para que entraran al menos otros tres hombres.
La víctima fue golpeada, amarrada y despojada de dinero, joyas y objetos de valor. Las cámaras de seguridad captaron los rostros de algunos agresores y ya existe una denuncia formal.
Mientras ese delito sube, otros indicadores —según el gobierno— muestran una tendencia a la baja.
Entre los principales datos del informe destacan:
- Secuestro extorsivo: reducción de 57.6%
- Robo de vehículo con violencia: baja de 31.1%
- Robo a transportista con violencia: caída de 24.8%
- Robos con violencia en general: disminución de 21.9%
- Robo a negocio con violencia: reducción de 21.1%
- Robo a transeúnte con violencia: baja de 16.3%
- Otros robos con violencia: reducción de 18.7%
- Feminicidio: baja de 11.8%
- Lesiones dolosas por arma de fuego: disminución de 10.8%
Además, el gobierno federal reiteró que el promedio diario de homicidios ha disminuido desde septiembre de 2024.
La propia presidenta volvió a presumir el dato estrella:
“La reducción de homicidios, de septiembre de 2024 a febrero de 2026, es del 44 por ciento”.
Y claro que hay que celebrar cualquier reducción. Los homicidios siguen siendo uno de los problemas más graves de México.
Reducirlos debe ser prioridad absoluta de nuestro aparato de seguridad altamente militarizado.
Pero conviene recordar algo.
Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador también se presumieron reducciones. Sin embargo, su gobierno terminó acumulando 202,599 homicidios, el número más alto desde que existen registros comparables.
Por eso hay razones para aplaudir… si las cifras son correctas.
Ahí aparece el primer foco amarillo.

La organización México Evalúa advierte que los registros de incidencia delictiva presentan comportamientos sospechosos en varias categorías.
Por ejemplo, el rubro llamado “otros delitos contra la vida y la integridad corporal” pasó de 8,064 casos en 2018 —último año de Peña Nieto— a 17,288 en 2025.
Un crecimiento que resulta difícil de explicar si, al mismo tiempo, los homicidios dolosos supuestamente están cayendo.
Otro dato inquietante es el aumento de desapariciones.
- Con Peña Nieto: 14.8 desapariciones diarias
- Con López Obrador: 24.7 diarias
- Con Sheinbaum: 32 diarias
En lo que va del nuevo sexenio se han registrado más de 16 mil desapariciones frente a 37 mil homicidios.
Según el gobierno federal, el promedio diario de delitos de alto impacto ha bajado de 969.4 en 2018 a 456.3 en febrero de 2026.
Una reducción de 53 por ciento. Una cifra tan positiva que inevitablemente exige una revisión detallada.
Además, el propio gobierno modificó la forma de contabilizar los delitos. En 2025 el Registro Nacional de Incidencia Delictiva amplió su clasificación de 53 a 71 tipos de delitos.
Las autoridades argumentan que esto permitirá mejorar el seguimiento de la criminalidad. Tal vez.
Pero también complica la comparación estadística con años anteriores, algo fundamental para medir tendencias reales.
Partamos de una premisa razonable: que las cifras difundidas en la mañanera son honestas.
México ha construido durante años —desde antes de la llamada Cuarta Transformación— un sistema para recopilar estadísticas de seguridad.
Pero hoy más que nunca es indispensable abrir esos datos al escrutinio público.
La violencia sigue siendo el mayor problema estructural del país.
Si realmente estamos avanzando en el combate al homicidio, hay que reconocerlo y profundizar el camino.
Aunque hay un detalle interesante que la presidenta evita subrayar.
La caída de homicidios respecto a septiembre de 2024 —último mes del gobierno de López Obrador— sugiere que algo cambió en la estrategia.
Quizá, simplemente, el abandono silencioso del famoso lema de “abrazos y no balazos”.
Si el país realmente está entrando en una fase distinta en materia de seguridad, vale la pena continuar por esa ruta.
Pero para que exista credibilidad, el gobierno debe hacer algo elemental:
permitir que organizaciones independientes participen en la recopilación y análisis de los datos.
Porque en materia de seguridad, las cifras no solo deben ser buenas… también deben ser creíbles.