SIN CENSURA 23 de marzo de 2026 PAN: la apertura total como último recurso

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Por: Víctor R. Hernández

El anuncio no es menor. El Partido Acción Nacional decidió abrir el 100% de sus candidaturas a la ciudadanía rumbo a 2027. Sin matices. Sin reservas. Sin espacios para las tradicionales decisiones de cúpula que durante décadas definieron su rumbo interno.

La escena fue cuidadosamente diseñada: más de 35 mil personas en la Alameda del Sur, un discurso directo, una narrativa de ruptura y un mensaje claro: el PAN quiere reinventarse o, al menos, quiere que eso parezca.

Jorge Romero Herrera lo dijo sin rodeos: se acabaron las nominaciones cupulares. Ahora, cualquiera puede competir.

La pregunta es inevitable: ¿estamos ante una democratización real o frente a una estrategia de supervivencia política? Salvarán 2027 pero ¿Y 2028? ¿Cómo lo sacarán? Su escenario es complicado. Veamos los siguientes elementos:

1- El PAN frente al espejo

Durante años, el PAN criticó —con razón en muchos casos— los métodos de selección de candidatos de sus adversarios, particularmente de Morena. Denunció la opacidad, el uso de encuestas como instrumento de control político y la simulación de procesos abiertos.

Hoy, ese mismo partido adopta una lógica similar.

No se trata de una contradicción menor. Es un giro que obliga a revisar el discurso histórico del panismo y su relación con la democracia interna. Porque si algo caracterizó al PAN en su origen fue, precisamente, su insistencia en los procedimientos institucionales y en la vida interna ordenada.

Lo que ahora propone rompe con esa tradición.

Y lo hace en un momento de debilidad electoral.

2- ¿Apertura o urgencia?

El dato de más de 5 mil ciudadanos registrados puede interpretarse como un signo de entusiasmo. También puede leerse como una señal de vacío estructural: cuando los cuadros internos no alcanzan, se recurre al exterior.

La apertura total de candidaturas no necesariamente implica fortalecimiento democrático. Puede significar, también, pérdida de control, dispersión de perfiles y candidaturas sin cohesión ideológica.

El riesgo es claro: convertir la política en una convocatoria abierta sin filtros sólidos puede derivar en improvisación.

Pero el cálculo del PAN parece otro.

Más que blindar su identidad, busca ampliar su base. Más que cuidar su doctrina, intenta competir.

Y en política, competir lo es todo.

3- El mensaje contra Morena

La medida no se entiende sin su objetivo central: enfrentar a Morena en 2027.

Romero Herrera fue explícito al hablar de “arrancarle las mayorías ficticias”. El discurso no sólo busca movilizar a la militancia, sino convocar a un electorado inconforme que no necesariamente se identifica con el PAN.

De ahí la frase:
“¿No te gustan las cosas como están en México?, regístrate, decídete”.

No es un mensaje partidista. Es un llamado ciudadano con carga electoral.

El PAN intenta posicionarse como vehículo de participación más que como estructura ideológica.

4- La crítica que incomoda

La respuesta de Morena no tardó. Luisa María Alcalde señaló la evidente contradicción: el PAN ahora recurre a mecanismos que antes cuestionaba.

La crítica es políticamente eficaz, pero incompleta.

Sí, hay incoherencia. Pero también hay adaptación.

En política, los partidos no sobreviven por consistencia doctrinal, sino por capacidad de ajuste. Y el PAN, golpeado en las últimas elecciones, parece haber entendido que su modelo tradicional ya no le alcanza.

La pregunta no es si el cambio es coherente.

La pregunta es si será efectivo.

5- El dilema de fondo

Abrir candidaturas al 100% suena a democratización. Pero la democracia no se mide sólo por quién puede participar, sino por cómo se decide, quién organiza y bajo qué reglas se compite.

Sin mecanismos claros, sin controles internos y sin una estructura que garantice equidad, la apertura puede convertirse en simulación.

O peor aún: en un proceso capturado por intereses externos.

El PAN apuesta a que la ciudadanía legitime lo que la estructura no pudo sostener.

Es una jugada arriesgada.

Sin censura

El PAN no está regresando a sus orígenes. Está reaccionando a su presente.

La apertura total de candidaturas no es un acto de pureza democrática. Es una respuesta a la pérdida de competitividad, a la falta de cuadros y a la necesidad urgente de reconectar con una sociedad que dejó de verlo como opción.

Puede funcionar.

Puede fracasar.

Pero lo que no admite duda es esto: el PAN entendió que, si no cambia, desaparece como opción de gobierno.

Y en política, quedarse fuera no es una opción.

Es el final.

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