Sin Censura.-Feb. 26 2026 La Semántica del Orden: El nuevo lenguaje morenita de seguridad estatal

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Por: Víctor R. Hernández
Uno de los elementos que el grupo que gobierna México desde 2018 ha tenido bien claro y ha llevado a la práctica en forma por demás puntual es la Comunicación Política. Desde que llegaron al poder en la Ciudad de México, en el año 2000, invirtieron en verdaderos gurús de la comunicación en el mundo. Así, han recibido asesoría permanente de uno de los comunicadores más prestigiados Antoni Gutiérrez-Rubí

La comunicación política ha sido una de las patas de la mesa del poder, junto con los programas sociales, que siguen sosteniendo con firmeza, las aspiraciones transexenales del grupo de izquierda radical que hoy gobierna territorialmente, coordinado con los grupos criminales, más de la mitad del territorio nacional.

De ahí la importancia de forzar un acercamiento a la política de comunicación que han implementado para manejar la crisis que generan con la aprehensión y el asesinato, que no abatimiento, de El Mencho.

Aquí los puntos clave:

El gobierno modifica su lenguaje para evitar la estética de guerra mediante el uso de una semántica del orden, la cual proyecta autoridad a través de un marco civil y legal en lugar de uno militarizado.

1- Los principales cambios en el lenguaje se articulan de la siguiente manera.

  • Sustitución del léxico bélico por uno institucional: A pesar de que los operativos involucran fuerzas especiales, helicópteros artillados y abatimientos, la presidenta y su gabinete evitan el lenguaje de guerra y prefieren utilizar términos como “restablecimiento del orden”“garantizar la paz” y “aplicación de la ley”.
  • La figura de la “agresión” (Reacción vs. Ataque): Para evitar proyectar que el Estado inicia una ofensiva militar, el discurso subraya repetidamente que las Fuerzas Armadas no buscan “ultimar” o asesinar a sus objetivos. En su lugar, se enfatiza que el personal militar únicamente “repele la agresión”, enmarcando el uso de la fuerza letal no como un acto de guerra, sino como una respuesta defensiva ante la violencia criminal.
  • Adjetivación para desmitificar al crimen: Se emplean adjetivos como “cobardes” al describir los bloqueos y ataques de los grupos delictivos. Este uso del lenguaje busca despojar a las organizaciones criminales de cualquier aura de poder, honor o desafío político, reduciéndolos a simples delincuentes.
  • Encuadre estrictamente legalista: Se recurre a un lenguaje jurídico constante, utilizando frases como “en el marco de la Constitución” y actuando bajo el “sistema penal acusatorio”. De esta forma, las acciones militares letales se comunican como la ejecución legítima de órdenes de aprehensión, proyectando al Estado como un actor racional que actúa en legítima defensa y no como partícipe de un conflicto armado.

2- La Antítesis de la Paz: Transformación del Orden Público

La estrategia del gobierno actual se diferencia de la de Felipe Calderón a través de un marcado contraste discursivo, legal y comunicacional, el cual se articula en los siguientes puntos:

  • Legalidad vs. Estado de excepción: La presidenta Claudia Sheinbaum argumenta que su gobierno opera estrictamente bajo el marco de la Constitución y el sistema penal acusatorio. En contraste, acusa a Felipe Calderón de haber actuado “todo el tiempo fuera de la ley en un estado de excepción que nunca declaró”, desplegando a las Fuerzas Armadas de manera ilegítima y sin un marco legal que las respaldara.
  • Legitimidad de origen: El discurso oficial descalifica la estrategia de seguridad de Calderón argumentando una falta de ética desde su origen, tachándolo de ser un “presidente ilegítimo porque llegó con un fraude”.
  • El manejo del triunfo (Trofeo vs. Trámite): Mientras que Calderón exaltaba la captura o muerte de capos como un “trofeo de guerra” y personalizaba el triunfo de manera enérgica, el gobierno de Sheinbaum actúa de forma opuesta. La presidenta delega los detalles técnicos del operativo a sus secretarios, mostrándose “informada” pero no “eufórica”. Para la actual administración, la muerte de un líder criminal se minimiza comunicacionalmente como un simple “trámite de seguridad”.
  • Léxico y estética comunicacional: El gobierno actual evita invocar la estética de “guerra” característica del periodo de Calderón. En lugar de utilizar un léxico bélico, prefieren términos como “restablecimiento del orden”, “garantizar la paz” y “aplicación de la ley”. Además, enfatizan que las Fuerzas Armadas no inician ataques, sino que únicamente “repelen la agresión”, diferenciándose así de una ofensiva sistemática de Estado.
  • La métrica del éxito: A diferencia del enfoque del pasado, el gobierno actual desvía rápidamente la atención de los operativos militares hacia la construcción de preparatorias o centros deportivos. Se proyecta que el verdadero éxito del Estado no es la caída de un capo, sino alcanzar la “gobernabilidad”, la “paz social” y lograr que los jóvenes se mantengan en programas de becas.

Toda esta antítesis discursiva se resume en la frase que utiliza la presidenta para marcar la línea definitiva con el gobierno de Calderón: “Nuestra búsqueda es la paz, no la guerra, es la diferencia”.

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