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Por: Víctor R. Hernández
Hoy, con la perspectiva que dan cuatro años de distancia y las acusaciones formales del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya (abril de 2026), resulta evidente lo que muchos advertimos en mayo de 2022: la elección para gobernador de Durango del 5 de junio de ese año no fue una contienda limpia. Fue una operación política que combinó corrupción local, maquinaria de Estado y serias sospechas de injerencia del crimen organizado.
El domingo previo a la votación, en el cierre de campaña de Marina Vitela en la Velaria de Durango, la candidata de Morena agradeció públicamente al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y al alcalde de Mazatlán por enviar “gente” para operar en los comicios. Ese agradecimiento no fue un detalle de cortesía: confirmó en voz alta lo que se rumoraba desde semanas atrás. Sinaloa había volcado operadores, recursos (“economía”) y logística completa para favorecer a la candidata morenista.

Rocha Moya, según denuncias del exgobernador de Michoacán Silvano Aureoles, había llegado al poder en Sinaloa con el respaldo del narcotráfico. Cuatro años después, las imputaciones del Departamento de Justicia de EE.UU. por conspiración para importar narcóticos, vínculos con el Cártel de Sinaloa (particularmente Los Chapitos) y delitos con armas, otorgan mayor peso a aquellas advertencias que en 2022 fueron descalificadas como “exageraciones”.
Los elementos que configuraron la “narcoelección”
El gobernador sinaloense no actuó como un simple aliado político: se convirtió en uno de los principales operadores externos de la campaña de Marina Vitela. Su intromisión se manifestó de manera clara:
- Envío masivo de operadores y recursos: Grupos de personas, equipos logísticos y financiamiento fueron trasladados desde Sinaloa para operar directamente en casillas y territorios duranguenses.
- Agradecimiento público: Vitela lo reconoció en el cierre de campaña: agradeció a Rocha y al alcalde de Mazatlán por “mandarle gente” para ayudar a operar la elección.
- Pieza clave de la operación: Este respaldo se interpretó como el puente que facilitaba la intervención del crimen organizado en Durango. Quien había sido señalado de llegar al poder con apoyo de cárteles, ahora operaba a favor de Morena en territorio vecino.
- Maquinaria nacional y competencia desigual: A los operadores de Sinaloa se sumaron decenas de diputados federales, programas sociales y recursos federales. Era, en los hechos, una elección de Estado frente al candidato de la oposición, Esteban Villegas.
Este apoyo le aportó a Vitela una inmensa ventaja operativa: maquinaria externa, inyección económica y logística para movilizar votos. Los críticos advirtieron entonces que traía consigo un beneficio mucho más oscuro: la posible extensión del poderío de los grupos criminales que controlan carreteras y territorios en Sinaloa hacia Durango.
El retén armado en Badiraguato: la normalización del crimen
El vínculo se hizo aún más visible durante la cuarta visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Badiraguato, en la región del Triángulo Dorado. Reporteros fueron interceptados por un retén operado por hombres armados con equipo táctico militar.
Lejos de condenarlo, tanto AMLO como Rocha minimizaron el hecho. El presidente argumentó que esos grupos “cuidan las regiones” para evitar el ingreso de armas. Rocha lo calificó de “exageración” de los adversarios. Ese mismo gobernador, que justificaba la presencia de grupos armados en su entidad, era quien enviaba operadores a Durango y recibía agradecimientos públicos de Vitela.
El mensaje quedó claro: el control territorial del crimen organizado no era un problema, sino parte del paisaje político aceptado.
En conclusión
El retén en Sinaloa visibilizó el poderío del crimen organizado. Su conexión con Durango fue Rubén Rocha Moya: al operar activamente la campaña de Marina Vitela.
Hoy, en 2026, con las acusaciones formales de Estados Unidos contra Rubén Rocha, lo que en 2022 parecía una tesis incómoda hoy es una evidente e irrefutable realidad. Durango vivió una elección marcada por corrupción (en Gómez Palacio) y operación externa. Cuando Morena camina como pato, grazna como pato y opera con los mismos métodos que el pato, no hay que llamarlo cisne.
Se llama narcoelección. Y Durango lo sintió en carne propia en 2022.