Sin Censura.- Mayo 11 2026 El Mundial antes que el aula: Morena prioriza el espectáculo sobre el aprendizaje

Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 12 segundos

Por: Víctor R. Hernández
Comenzamos la semana con la ya clásica descoordinación de la 4T convertida en política educativa: el secretario de Educación, Mario Delgado, anunció el 7 de mayo como “acuerdo unánime” el cierre del ciclo escolar 2025-2026 el próximo 5 de junio, recortando casi seis semanas de clases. Horas después, la presidenta Claudia Sheinbaum lo desdibujó: “es solo una propuesta, no hay calendario definitivo”. Al cierre de la semana, se prometió otra reunión para “definir”. Mientras tanto, 23.4 millones de estudiantes y sus familias ya cargan con la incertidumbre.

Este no es un simple desajuste administrativo. Es la expresión más clara y descarnada de que, para este gobierno, la educación es una variable ajustable, un bien prescindible cuando choca con el calendario del espectáculo, el calor previsible o los caprichos sindicales.

El argumento oficial resulta falaz. El calor de junio no es novedad en México. El país organizó dos Copas del Mundo anteriores sin recortar el calendario escolar. Ahora, con solo 13 partidos en territorio nacional (la mayoría en horario vespertino-noche), se justifica mutilar 27 días efectivos de clase. La verdadera prioridad queda al descubierto: el show del Mundial pesa más que el aula.

El costo es brutal. Afecta directamente a 17.7 millones de madres trabajadoras y a 7.2 millones de hogares monoparentales, ocho de cada diez encabezados por mujeres. El Estado les transfiere de golpe la responsabilidad del cuidado infantil durante tres meses sin haberlo anunciado como política, sin calcular el impacto económico ni proponer una sola medida de alivio. La escuela pública, que funciona como red mínima de contención social, es retirada sin contemplaciones. Y ni Delgado ni la SEP mencionaron esta dimensión en sus conferencias. Simple descuido institucional o desprecio deliberado.

Pero el daño de fondo es aún más grave. México arrastra un rezago educativo estructural que se agravó con la pandemia y que la Nueva Escuela Mexicana no ha revertido. Se eliminó el INEE en 2019, se cerró Mejoredu en 2025, y la UNESCO ha denunciado la ausencia de evaluación nacional. Sin mediciones serias, se decide a ciegas recortar semanas de clase. Los datos estatales disponibles son alarmantes: ocho de cada diez alumnos de tercero de secundaria no alcanzan los aprendizajes esperados. Estudios internacionales confirman que las vacaciones prolongadas provocan pérdida significativa de lo aprendido, especialmente en los sectores más vulnerables.

Aurelio Nuño lo ha dicho con crudeza: desde 1921, todos los gobiernos aumentaron la matrícula escolar. Los de Morena son los primeros en reducirla. Preescolar cayó del 72 al 64%, primaria del 99 al 94%, secundaria del 97 al 93% y media superior del 84 al 75%. La 4T no solo no invierte en calidad, sino que desmantela los pocos mecanismos de exigencia y evaluación. La Suprema Corte, con el proyecto de la ministra Lenia Batres, consolida una “Nueva Escuela Mexicana” donde no se reprueba, la asistencia ya no es requisito y las calificaciones pierden peso. Progresismo, según ellos.

La contradicción sindical termina de desnudar el fondo político. La Sección 22 del SNTE y la CNTE en Chiapas rechazaron el recorte; esta última lo acusó abiertamente de tener motivaciones políticas para evitar una huelga nacional durante el Mundial. Si eso es cierto, el calendario escolar se usa como herramienta de control y narrativa, no como instrumento pedagógico. Y la SEP, en vez de defender el tiempo de aprendizaje —su razón de ser—, se pone del lado del recorte.

Países como Finlandia, Estonia, Corea del Sur o República Checa tienen menos horas de clase que México y resultados muy superiores. Aquí hacemos lo opuesto: menos evaluación, más ideología, menos horas de clase y peores resultados. El Mundial terminará en julio. El rezago educativo seguirá creciendo en septiembre. Y nadie en esta SEP rendirá cuentas, porque precisamente ya no existe una institución seria que mida el desastre.

Esta decisión no revela solo torpeza o falta de oficio político. Revela prioridades. Para Morena, la educación sigue siendo un espacio para repartir becas, controlar sindicatos, imponer narrativas y sacar fotos. Pero cuando estorba, se recorta sin drama. El aula pierde. El espectáculo gana.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *