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Por: Víctor R. Hernández
Acorralada por la avalancha de evidencias que cada semana salpican a destacados morenistas por sus vínculos con el crimen organizado, la presidenta Claudia Sheinbaum ha optado por la victimización como estrategia. El pasado domingo, en lugar de dar la cara a la realidad, convocó a las calles para celebrar su segundo triunfo presidencial mientras acusaba a “sectores de Estados Unidos” de querer imponer en México “un gobierno a modo, un Porfirio Díaz” que entregue los recursos naturales.
Mentira tras mentira. El gobierno de Donald Trump no está pidiendo un cambio de régimen: está exigiendo, con expedientes en mano, la extradición de funcionarios y políticos de Morena acusados de coludirse con grupos criminales. Tan sólidas son las acusaciones que ya dos altos colaboradores del gobernador con licencia Rubén Rocha Moya se entregaron voluntariamente: el exsecretario de Finanzas y el exsecretario de Seguridad, general Gerardo Mérida Sánchez.
Y aquí viene lo más grave: Sheinbaum se ha convertido en la principal escudera de Rubén Rocha Moya, negándose a entregarlo bajo el argumento de que “no hay pruebas”. En cualquier democracia seria con instituciones independientes, Rocha Moya ya estaría tras las rejas desde hace meses.
Los testimonios de tres alcaldes de Morena, todos víctimas directas del exgobernador, revelan el perfil gangsteril de un hombre que gobernó Sinaloa como un capo más.
1- Luis Guillermo Benítez, exalcalde de Mazatlán, fue presionado para firmar su renuncia usando como pretexto un proyecto de iluminación. Al negarse, Rocha le soltó la advertencia clásica del sicario: “Si no firmas tu renuncia te va a pasar algo malo, acuérdate que yo soy de Badiraguato y la puedes pasar muy mal”. Amenaza de muerte velada, pero clarísima.
2- Jesús Estrada, exalcalde de Culiacán, sufrió tal acoso que el exgobernador Jesús Aguilar Padilla tuvo que intervenir como mediador. La respuesta de Rocha fue pura mafia: “Muerto el perro, se acabó la rabia”. Estrada entendió perfectamente el mensaje y, un mes después, pidió licencia para salvar la vida.
3- Gerardo Vargas, exalcalde de Ahome, recibió la misma medicina tras negarse a acatar órdenes. Rocha le exigió renunciar advirtiéndole que, de lo contrario, “podría tener graves problemas”. Vargas no tuvo duda: era una amenaza de muerte.
Este es el verdadero Rubén Rocha Moya: un político que usa el miedo, la intimidación y la amenaza letal para someter a quien se le oponga. No gobierna, extorsiona desde el poder.

4- El caso Cuén encaja como anillo al dedo en este modus operandi criminal.
Héctor Melesio Cuén Ojeda pasó de aliado a enemigo mortal en menos de dos años. Cuando Cuén se atrevió a denunciar el “carrusel de obra pública” que presuntamente operaban los hijos de Rocha —Rubén y Ricardo Rocha Ruiz— a través de empresas como Chocosa, con más de 2 mil 889 millones de pesos en adjudicaciones simuladas y directas, firmó su sentencia.
Cuén documentó transferencias de las empresas ganadoras a las compañías de los hijos del gobernador. Denunció ante la Fiscalía (carnal), la Auditoría Superior del Estado (controlada) y luego ante instancias federales. En su podcast Cuentas Claras fue subiendo el tono, hasta que en el programa 97, apenas cinco días antes de su asesinato, acusó directamente a Rocha y a su secretario de Gobierno Enrique Inzunza: “Tú puedes hacer lo que quieras, robar, matar… yo tengo el Poder Judicial”.
Días después, Cuén Ojeda fue ejecutado y, en el mismo contexto, se produjo el secuestro de Ismael Zambada García. Demasiada coincidencia para un hombre que estaba destapando la corrupción familiar del gobernador.
La obsesión de Claudia Sheinbaum por proteger a Rocha Moya no es solo lealtad política: es complicidad. Defender a un personaje con este perfil gangsteril —que amenaza alcaldes, presuntamente despoja al erario a través de sus hijos y silencia con plomo a sus críticos— mancha irreversiblemente su gobierno.
México no merece que su presidenta se convierta en la defensora de oficio de políticos con alma de delincuentes. La evidencia es abrumadora. El pueblo no es tonto. Y las encuestas más recientes, las de ésta y la semana pasada, así lo demuestran; Claudia y Morena, se siguen desplomando.