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Por Víctor R. Hernández
Hay momentos en la historia política de un país donde la hipocresía del poder queda expuesta con una claridad brutal, sin posibilidad de maquillaje ni eufemismo. Este es uno de esos momentos. En su más reciente entrega de “Narco-sistema”, número 99, la periodista de investigación, Anabel Hernandez argumenta el por qué antes de que concluya este mes de junio, el aún gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, decidirá entregarse a la justicia norteamericana.
Claudia Sheinbaum —la misma que semanas atrás salió a defender con furia a su compañero de partido Rubén Rocha Moya, la misma que permitió que la maquinaria entera de Morena y la Fiscalía General de la República actuaran como escudo del gobernador sinaloense acusado de pactar con el Cártel de Sinaloa para ganar elecciones y traficar fentanilo a Estados Unidos— ha tomado la decisión que más le dolía tomar: entregarlo, de acuerdo con fuentes consultadas por la periodista de investigación.
Así, sin más. Con la misma frialdad con que se abandona una ficha quemada sobre el tablero.
La presidenta de México aceptó que Rubén Rocha Moya sea procesado en la Corte del Distrito Sur de Nueva York. La información, proveniente de fuentes calificadas del propio gobierno mexicano, no admite duda. El circo de la defensa soberanista terminó. Ahora viene el silencio incómodo, el “nunca lo apoyamos del todo”, el reencuadre narrativo que Morena ya está cocinando para que nadie recuerde las semanas de vergüenza institucional que antecedieron a esta decisión. Vayamos por orden:
1.- El reloj corre. Y Washington lo sabe.
Lo que muchos aún no dimensionan es la gravedad del calendario. El Estado mexicano tiene hasta el 30 de junio para concretar la entrega de Rocha Moya a la justicia estadounidense.
Treinta de junio. Nueve días.
Pasada esa fecha, el gobierno de Donald Trump tiene sobre la mesa opciones que ningún gobierno soberano debería tener que contemplar frente a su vecino: el envío de grupos especiales para ejecutar la captura en territorio mexicano. Una operación que violaría de forma flagrante la soberanía nacional. Un acto que, en cualquier otra circunstancia histórica, hubiera generado una crisis diplomática de proporciones mayúsculas.
Pero aquí estamos.
Y la pregunta que nadie en Palacio Nacional quiere responder en voz alta es esta: ¿cómo llegamos a un punto en que Estados Unidos puede amenazar con entrar a México a llevarse a un gobernador, y el gobierno mexicano no tiene más argumento que bajar la cabeza?
La respuesta está en años de complicidad tolerada, de pactos silenciosos, de elecciones compradas con dinero del narco, de instituciones que miraron para otro lado porque convenía mirar para otro lado. Rocha Moya no es una anomalía del sistema. Es, lamentablemente, un producto de él.
2.- La traición que ya empezó
Lo más revelador de esta coyuntura no es la entrega misma. Es lo que ocurre dentro del partido mientras se negocia esa entrega.
Gobernadores morenistas —señalados con nombre y apellido en reportes de inteligencia— están colaborando con agencias del gobierno estadounidense. Y en esa colaboración, según fuentes del propio gobierno federal, están construyendo una narrativa simple y conveniente: toda la culpa es de Rocha Moya. Nosotros no sabíamos. Él introdujo el dinero sucio. Él tendió los puentes con el cártel.
Sálvese quien pueda. Así funciona la solidaridad en Morena cuando la presión llega de verdad.
Alfonso Durazo, gobernador de Sonora —no de Sinaloa, que conste— está en esa lista. Américo Villarreal, gobernador de Tamaulipas, también. Ambos lo negaron públicamente cuando el diario Los Ángeles Times lo reveló. Ambos mienten, de acuerdo con la información disponible. Y ambos están hoy tirando a Rocha Moya por la borda para salvarse ellos.
Eso no es un partido. Eso es una desbandada.
3.- Sheinbaum, atrapada entre dos fuegos
Hay que ser justos en el análisis, aunque la justicia duela: Claudia Sheinbaum heredó un sistema podrido que no construyó ella sola. Pero también es verdad que tomó decisiones propias que la metieron en este atolladero.
Salir a defender a Rocha Moya cuando los cargos ya eran públicos fue un error de cálculo político monumental. Permitir que la Fiscalía actuara como su abogada defensora también. Dejar que López Obrador —desde su supuesto retiro en Palenque— reapareciera con una carta insultando al Departamento de Justicia estadounidense y a Donald Trump, fue el tercer error. Cada uno de esos pasos le costó capital político con Washington y le ganó más presión, no menos.
Hoy, la presidenta enfrenta el peor de los mundos: entrega a Rocha Moya y queda mal con Morena. No lo entrega y queda mal con Trump —y con las consecuencias económicas de esa confrontación, que son inmanejables para un país que depende del T-MEC para sostener su estabilidad financiera.
Eligió el menor de los dos males. Pero que nadie se equivoque: ninguno deja de ser un mal.
4.- Lo que viene después es más peligroso
La entrega de Rocha Moya no cierra el expediente. Lo abre.
El Distrito Sur de Nueva York no construye casos para terminarlos en un acusado. Los construye para subir. Cada colaborador amplía la investigación. Cada declaración señala a alguien más arriba en la cadena. El proceso contra el Chapo Guzmán demostró esa lógica con precisión quirúrgica.
Rocha Moya —un hombre de más de 70 años que enfrenta 40 años de prisión o cadena perpetua— no tiene ningún incentivo para guardar silencio. Tiene todos los incentivos del mundo para hablar. Para negociar. Para señalar.
¿Y qué puede señalar Rubén Rocha Moya? Esa es la pregunta que desvela a más de uno en la élite política mexicana. Sobre el financiamiento de campañas en 2021. Sobre los acuerdos entre el crimen organizado y candidatos de Morena en media docena de estados. Sobre la cadena de mando que toleró, avaló o participó en esos acuerdos. Sobre nombres que hoy siguen en el poder.
Lo que Washington quiere saber no es solo lo que hizo Rocha Moya. Es todo lo que Rocha Moya sabe.
5.- La pregunta que nadie hace en voz alta
¿Hasta dónde llega el expediente del Distrito Sur de Nueva York?
La respuesta, tarde o temprano, la vamos a conocer todos y no pasará el mes de agosto.