SIN CENSURA Sept. 15. 2025 La condición humana y la traición política

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Por: Víctor R. Hernández

A lo largo de más de 40 años como reportero he aprendido que la política puede explicarse con leyes, con estadísticas, con resultados electorales y con discursos, pero hay algo que suele explicar mucho más: la condición humana.

La ambición, la lealtad, el miedo, el interés personal, la gratitud —y también la traición— forman parte de ese territorio oscuro de la política que casi nunca aparece en los discursos oficiales, pero que termina aflorando cuando llega el momento de entregar el poder.

En Durango tenemos una larga colección de ejemplos.

Durante el último tramo del siglo XX me tocó observar la pugna entre José Ramírez Gamero, gobernador saliente, y Maximiliano Silerio Esparza, su sucesor. Había un pacto de caballeros. Pero una vez instalado en el poder, el gobernador de Rodeo cuestionó la abultada deuda que había recibido.

Ramírez Gamero terminó rompiendo también el silencio.

El exgobernador cetemista sostuvo que aquel endeudamiento tenía una explicación: un préstamo millonario que, según su versión, había servido para financiar la campaña de quien ahora ocupaba el despacho principal del Palacio de Zambrano.

La política volvía a mostrar su rostro más humano.

Después vino la sucesión de Maximiliano Silerio Esparza. Ángel Sergio Guerrero Mier recibió el gobierno y, con él, llegó otra ruptura de los pactos no escritos.

Desde el entorno del nuevo gobernador, encabezado entonces por Víctor Palencia, comenzaron a exhibirse las irregularidades que presuntamente existían en la nómina de la Secretaría de Educación Pública.

Aparecieron listas de aviadores, nombres que no correspondían a personas localizables y una estructura que permitió hablar de millones de pesos que presuntamente terminaban en bolsillos particulares.

El mensaje era claro: el gobierno anterior podía convertirse en el expediente político del nuevo gobierno.

Después, cuando Ismael Hernández Deras recibió el poder de manos de Guerrero Mier, volvió a repetirse la historia. Ya estábamos en el Siglo XXI.

El nuevo gobernador no tardó en marcar distancia con su antecesor y se desarrolló una campaña de desprestigio contra quien había sido su compañero de partido.

Y si hablamos de condición humana en la política duranguense, resulta imposible no detenernos en el episodio de Jorge Herrera Caldera e Ismael Hernández Deras.

Ahí está, quizá, uno de los ejemplos más claros de cómo los pactos políticos pueden tener fecha de caducidad.

Y después ocurrió algo parecido con José Aispuro Torres y Herrera Caldera.

Aispuro había ofrecido que no actuaría contra integrantes de la administración que lo antecedió. Sin embargo, una vez instalado en el gobierno, aquel compromiso terminó teniendo otra lectura.

La historia se repitió.

Gobiernos que llegan. Gobiernos que se van. Pactos que se firman. Pactos que se rompen. Lealtades que duran mientras el poder permanece.

Por eso resulta particularmente interesante escuchar hoy a Esteban Villegas Villarreal hablar de la condición humana.

Porque el actual gobernador parece tener muy claro que la política no termina cuando comienza la sucesión.

Más aún: parece estar preparándose precisamente para ese momento.

Estoy preparado para que todos me traicionen

En una conversación con Héber García Cuéllar, Villegas no habló en términos diplomáticos.

Habló de frente.

“Yo estoy preparado para que todos los que están en esta mesa me traicionen.”

Y después añadió:

“Porque es la condición humana.”

No fue una frase aislada.

El gobernador recordó que había visto ese comportamiento con Ismael Hernández Deras y con José Aispuro Torres.

Y planteó algo todavía más interesante: así como él está preparado para una eventual traición, también sus colaboradores deberían estar preparados para el revire” que pudiera producirse desde el poder.

“Sobre aviso no hay engaño”, respondió Héber García.

“Sobre aviso no hay engaño”, contestó Villegas.

Ahí está el verdadero contenido político de la conversación.

Porque Esteban Villegas no estaba hablando solamente de la amistad.

Estaba hablando de sucesión.

Y la sucesión es, históricamente, el momento en que las lealtades comienzan a cambiar de dueño.

El gobernador lo explicó con una frase que resume buena parte de la historia política:

“Las derrotas son bien solitarias. Y las victorias, bueno, hasta parientes te salen.”

Esa frase merece ser subrayada.

Porque quien ocupa el poder conoce perfectamente la diferencia entre estar arriba y comenzar a descender.

Mientras gobierna, todos parecen indispensables. Todos son amigos. Todos tienen proyectos. Todos dicen estar dispuestos a acompañarlo hasta el final.

Pero cuando aparece el candidato que habrá de sucederlo, la lógica cambia.

Los funcionarios comienzan a mirar hacia otro lado.

Los grupos políticos empiezan a medir posibilidades.

Los alcaldes hacen cuentas.

Los legisladores calculan.

Los partidos observan.

Y algunos colaboradores, simplemente, empiezan a pensar en el día después.

Villegas parece saberlo. Por eso advierte que está preparando mentalmente ese escenario.

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