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Por: Víctor R. Hernandez
Eric Selbin, en su obra “Los relatos Engendran Rebeliones”, sostiene que las resistencias políticas no triunfan solo con datos o programas, sino con narrativas potentes que construyen identidad colectiva, deslegitiman al adversario y generan un sentido de destino histórico. El discurso de Vicente Fox este sábado 30 de mayo en el evento #YoConMaru en Chihuahua, frente al de Claudia Sheinbaum, ofrece un caso casi perfecto de esta tesis.
Mientras Sheinbaum construye su relato desde la solemnidad histórica, la defensa de la soberanía y el “Humanismo Mexicano” (que choca con la realidad de cómo ha tratado a las madres buscadoras o a las miles de familias que solicitan medicamentos en los hospitales y no hay), Vicente Fox opera en el registro del estómago, el refrán popular y la épica folclórica norteña. Uno teoriza desde el poder; el otro conecta de forma visceral con su base. Hagamos un acercamiento a los pronunciado por cada actor, en Chihuahua, Fox, y en la Ciudad de Mexico, Claudia.
1. El Mito Fundacional: “Los Bárbaros del Norte” vs. el Humanismo Mexicano
Fox no solo defendió a Maru Campos. Resucitó con fuerza el viejo mito de “Los Bárbaros del Norte”, esa etiqueta que el centro del país usaba con desprecio en los años 80 y 90 y que el panismo norteño convirtió en medalla de honor.
Invocó las figuras legendarias de Manuel Clouthier “Maquío”, Luis H. Álvarez y Pancho Barrio, y colocó a Maru Campos en esa misma línea de sucesión heroica: “Valkyrie es el equivalente de mujer para los Bárbaros del Norte”.

Para el politólogo y sociólogo norteamericano, Eric Selbin, todo movimiento que aspire a trascender necesita una identidad colectiva épica. Fox se la entregó en bandeja al panismo norteño el sábado 30 de mayo en Chihuahua: ustedes no son simples opositores, son los herederos de aquellos que ya tumbaron un régimen autoritario en el año 2000. Morena, en este relato, no es más que una burda y decadente réplica del viejo PRI.
Sheinbaum, en cambio, invoca constantemente el Humanismo Mexicano, que choca con el dolor de cientos de familias destrozadas diariamente por los grupos criminales: un relato nacional que pretende insertarse con la Independencia, la Reforma, la Revolución; se cobija con los pueblos originarios y la “grandeza cultural de México”. Su narrativa es inclusiva, solemne y busca construir una identidad moral superior que trascienda a los partidos, aunque vive en el discurso de la polarización. Habla del “pueblo” como sujeto histórico y del gobierno como continuador de esa tradición.
El discurso de Fox Quezada es más tribal (usa palabras populares), concreto y emocionalmente movilizador para su audiencia específica. No busca seducir a todo el país, sino galvanizar y cohesionar a su núcleo duro identitario.
2. La Desmitificación del Opresor: “Una marranada” vs. “Traición a la Patria” y Soberanía
Aquí se ve con mayor claridad (lo tribal del leguaje del expresidente panista), el genio foxista. Ante la solicitud de juicio político contra Maru Campos por supuestamente permitir la participación de dos agentes de la CIA en un operativo, Fox no entra en tecnicismos jurídicos. Lo reduce todo a una frase demoledora: “una marranada”.
Dijo textualmente: “La marranada no le va a quitar la grandeza a este estado”. Habló del gobierno federal como un “caballo desbocado”, de los legisladores morenistas como “tipejos” y recurrió al refrán popular: “La marranada del poder moreno no suelta la mazorca”.
Según Selbin, para restarle poder al opresor hay que quitarle primero el aura de invencibilidad o superioridad moral. Fox lo hace de manera brutalmente efectiva: convierte un calificativo de “alta traición” en algo vulgar, ridículo y comprensible para cualquier ciudadano.
Sheinbaum y Morena, por el contrario, elevan el caso a categoría de Traición a la Patria y defensa de la soberanía nacional. La presidenta ha insistido en que “no es un asunto político”, sino “un tema de soberanía”, que la investigación busca esclarecer la presencia de agentes extranjeros armados en territorio nacional sin autorización. Su lenguaje es formal, jurídico e histórico: se trata de defender la dignidad y la independencia de México frente a injerencias exteriores. Es el uso patriotero del lenguaje populista.
Uno deslegitima con burla y lenguaje de rancho; la otra con solemnidad y moral nacional.
3. La Validación del Relato: Resultados tangibles vs. Principios ideológicos
Fox no se limitó al simbolismo. Soltó una ráfaga de indicadores económicos de Chihuahua: ingreso per cápita multiplicado por cuatro (de alrededor de 4,000 a 16,000 dólares), exportaciones multiplicadas por diez (alcanzando los 47,000 millones de dólares), aumento en años de escolaridad y esperanza de vida. Su mensaje fue claro: esto no lo hizo el gobierno federal, lo lograron los chihuahuenses trabajando en libertad y con una economía de mercado.

Es el contra-relato perfecto al asistencialismo centralista de la 4T. Chihuahua no aparece como víctima que necesita apoyos, sino como prueba viviente de que el modelo de alternancia y libertad económica funciona mejor, que el viejo sistema corporativo.
Sheinbaum valida su proyecto desde principios ideológicos: el Humanismo Mexicano pone “al pueblo en el centro”, redistribuye la riqueza y defiende la soberanía por encima de todo. Sus validaciones suelen ser más estructurales y morales que empíricas a corto plazo, apelando a la reducción de la desigualdad y la recuperación del Estado como garante de derechos.
4. El Llamado a la Acción: “Hoy, Hoy, Hoy” y el 2027 vs. Defensa Permanente de la Soberanía
Fox cerró como en sus mejores tiempos de campaña. Reactivó su viejo mantra (“¿Quién no recuerda aquel Hoy, Hoy, Hoy?”) y lo aterrizó en un objetivo político concreto y medible: “rescatar el 2027”. No llamó a derrocar inmediatamente al régimen, sino a quitarle la mayoría calificada a Morena en el Congreso federal y locales: “Vamos a ponerle freno a un caballo desbocado. A obligarlos a dialogar”.
Es épica con realismo político. Le da a la militancia una meta clara, alcanzable y motivadora.
Sheinbaum, en cambio, marca el terreno en términos de defensa continua de la soberanía nacional y la transformación. Su llamado es a la unidad del pueblo contra el regreso de las “políticas neoliberales fallidas” y cualquier forma de injerencia extranjera. Su horizonte es más de largo plazo y estructural.
En Concreto:
Cierto, el discurso de Vicente Fox es rústico, folclórico y emocionalmente efectivo para reactivar a su base. El de Claudia Sheinbaum es elaborado, histórico y moralmente ambicioso, propio de quien ejerce el poder.
Uno apela al estómago, el orgullo identitario y el sentido común del electorado norteño tradicional. La otra apela a la conciencia histórica y al orgullo nacional, elementos más abstractos.
En tiempos de alta polarización, Fox demuestra que, para movilizar identidades fuertes y resistencias, a veces el relato más “simple” y visceral es el que mejor perfora el blindaje del adversario. Los Bárbaros del Norte no se han ido. Solo estaban hibernando. Y el choque de narrativas —el folclor visceral contra el humanismo solemne— apenas comienza de cara al decisivo 2027.