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Por: Víctor R. Hernández
Francia se convirtió este martes 21 de julio en el primer país de la Unión Europea en prohibir por ley el acceso a las redes sociales a los menores de 15 años. La norma, impulsada personalmente por Emmanuel Macron como una de las banderas de la recta final de su mandato, entrará en vigor el 1 de septiembre de 2026. A partir de esa fecha no se podrán abrir cuentas nuevas. Las plataformas tendrán hasta el 1 de enero de 2027 para eliminar o bloquear las cuentas ya existentes de menores de esa edad.
Australia lo hizo antes, elevando la edad a 16 años. España, Grecia, Italia, Noruega y Alemania integran la llamada “Coalición de los Digitalmente Dispuestos”. El Reino Unido tiene una medida similar que entrará en 2027. Ursula von der Leyen anunció el 13 de julio que la Comisión Europea presentará después del verano un sistema de acceso progresivo a las redes según la edad. Un grupo de expertos designado por Bruselas recomendó, el mismo día, prohibir el acceso a menores de 13 años, incluyendo asistentes de inteligencia artificial.
Un día antes, el lunes 20 de julio de 2026, en la conferencia mañanera de Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció que México inicia formalmente los foros y debates para elaborar una propuesta de “orientación y regulación” del uso de redes sociales, plataformas digitales e inteligencia artificial en la infancia, la adolescencia y la juventud. No es una prohibición. Es un proceso de consulta.
Mario Delgado, titular de la Secretaría de Educación Pública, y el subsecretario Ricardo Villanueva Lomelí insistieron en que “no se trata de demonizar” la tecnología, sino de entender en qué condiciones se integran estos dispositivos a la vida de niñas, niños y adolescentes, y qué consecuencias tienen en su bienestar, desarrollo y aprendizaje. Dieciséis entidades del país ya restringieron el uso de teléfonos celulares en escuelas de educación básica. Se anunciaron foros regionales (el primero el 19 de agosto en el Noreste) y una Semana Nacional de Juegos Tradicionales en septiembre para recuperar la convivencia en los recreos.
La distancia entre ambas posturas no es solo de velocidad. Es de voluntad política y de lectura de la evidencia científica. Mientras Francia decidió que las mentes de los niños no están en venta y puso el peso de la responsabilidad sobre las plataformas, México abre otro debate que, si no se traduce en reglas claras y exigibles, corre el riesgo de convertirse en la enésima ronda de foros bienintencionados mientras la fábrica de cretinos digitales sigue operando a toda máquina bajo la mirada complaciente del gobierno de la 4T.
La evidencia científica que Morena no quiere enfrentar de frente
Michel Desmurget, doctor en neurociencia e investigador del Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica de Francia, lo documentó con precisión quirúrgica en su libro La fábrica de cretinos digitales. El consumo de dispositivos digitales durante el tiempo de ocio es “absolutamente brutal” entre las nuevas generaciones. Desde los dos años, los niños occidentales promedian casi tres horas diarias frente a pantallas. Entre los ocho y doce años sube a cuatro horas cuarenta y cinco minutos. Entre los trece y dieciocho, roza las seis horas cuarenta y cinco minutos.
En términos anuales: mil horas en educación infantil (más que en el colegio), mil setecientas en primaria media y dos mil cuatrocientas en secundaria. Eso equivale a una cuarta parte, una tercera parte y el 40% del tiempo que los menores están despiertos.
Los “expertos” que desfilan por los medios —muchos de ellos cercanos al discurso oficial— venden la idea de los “nativos digitales” con cerebros superdotados para el multitasking. Hablan de refundar la educación, cerrar brechas y motivar alumnos. Pura retórica progresista que choca con la realidad: las pantallas retrasan la maduración cerebral, destruyen el sueño, fragmentan la atención, empobrecen el lenguaje, fomentan obesidad, agresividad y depresión, y hunden los resultados académicos. Las evaluaciones PISA lo confirman una y otra vez.

Los algoritmos de TikTok, Instagram y compañía están diseñados para crear adicción mediante bucles de dopamina. Notificaciones, likes, scrolls infinitos y contenido cada vez más extremo. El cerebro en desarrollo de un niño o adolescente es especialmente vulnerable. No hay “uso responsable” que compita contra eso cuando los padres trabajan, las escuelas fallan y el Estado mira para otro lado.
Desmurget no culpa a los padres. Solo entrega la verdad incómoda: las pantallas están fabricando una generación con menos vocabulario, menos concentración, menos empatía real y menos capacidad de pensamiento profundo. Francia lo entendió. México, bajo Morena, sigue “entendiendo” y “debatiendo”.
El estilo 4T: foros en lugar de acción
Sheinbaum y su equipo repiten el manual clásico de la 4T: anunciar foros, foros regionales, evidencia científica en las mañaneras y “consenso”. Mientras tanto, los niños mexicanos siguen sumando horas frente a pantallas que les roban desarrollo cognitivo. Dieciséis entidades han restringido celulares en escuelas, sí, pero eso es solo la punta del iceberg. La verdadera batalla está en las plataformas que operan sin control efectivo, recolectando datos y moldeando mentes para maximizar ganancias.
¿Dónde estuvo esta preocupación durante los años de AMLO y la herencia que Sheinbaum defiende? ¿Por qué ahora, a mitad de su sexenio y con el 2027 en el horizonte, surge el “debate nacional”? La respuesta huele a narrativa electoral: proteger a la infancia suena bonito, genera titulares y distrae de los fracasos estructurales en educación, seguridad y economía. Mientras tanto, el clientelismo en becas y programas sociales sigue utilizando redes para movilizar votos, y los algoritmos continúan haciendo su trabajo destructivo.